En todas las épocas, las mujeres han participado en el desarrollo de la ciencia y la tecnología; sin embargo, en raras ocasiones recibieron el crédito que merecían, bien porque su papel se rebajó al de personal asistente, o bien porque, directamente, sus trabajos se atribuyeron a científicos hombres.

Todavía hoy en día, mujeres y hombres tienen una participación y posición desigual en la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación. Esta desigualdad se inicia en la enseñanza; ya en las opciones técnicas de secundaria y bachiller, las mujeres están menos presentes, y se prolonga en los estudios superiores y de postgrado. Todo ello a pesar de la incorporación generalizada de mujeres a los estudios superiores: el 57% del nuevo alumnado de la Universidad del País Vasco del curso 2020-2021 es mujer.

Un informe de Emakunde de 2016 demuestra que los estereotipos de género influyen en la elección de los estudios superiores de la juventud vasca. Las mujeres optan en mayor medida que los hombres por titulaciones agrupadas dentro de las ramas de Ciencias de la Salud, Artes y Humanidades, y Ciencias Sociales y Jurídicas. Por el contrario, las titulaciones de Ingeniería y Arquitectura siguen presentando un perfil predominantemente masculino (más del 70% de matriculación). Persisten los modelos ‘mujer-maestra-médica’ y ‘hombre-ingeniero-técnico’.

En Formación Profesional, la presencia femenina es menor en todos los niveles, siendo especialmente baja en ramas como las de Mantenimiento de vehículos, Electricidad y Electrónica o Fabricación Mecánica. En el otro extremo, las chicas son mayoría en Imagen Personal, Servicios Socioculturales y a la Comunidad o Sanidad.

Dicho esto, podemos preguntarnos por qué se siguen delimitando como campos femeninos unas áreas y como masculinos otras, cuando ya ha transcurrido un siglo desde que las mujeres no tienen prohibido el acceso a los ámbitos científicos. La primera razón es que las niñas interiorizan los roles de género y dejan de interesarse por la ciencia y la tecnología; y cuando deben elegir, eligen consciente e inconscientemente estudios relacionados con los estereotipos relacionados con la mujer: el cuidado, la educación, la protección, etc. En segundo lugar, la familia, la sociedad y la escuela perpetúan un conjunto de normas y valores aprendidos, que manifiestan a través de comportamientos, actitudes, gestos y expectativas diferentes respecto de chicos y chicas.

El impulso del cambio llegará fomentando la implicación familiar, eliminando los estereotipos de los manuales escolares, evidenciando en el lenguaje la presencia de la mujer… pero no solo esto. Las chicas sí tienen interés por la ciencia aplicada y por cuestiones sociales relacionadas con la ciencia, puede que lo que haya que variar sea el enfoque pedagógico y completar, además, la selección de contenidos desde la perspectiva de las mujeres. Incorporar en el currículum educativo los saberes de las mujeres permitirá presentar la ciencia y la tecnología de una forma más amplia y plural.

Si se eliminan los estereotipos es posible que cambien también los porcentajes en la elección de estudios.

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