Todo viaje llega a su fin. Durante dos semanas hemos surcado siete Campos de Trabajo de todo el País Vasco, dos días por cada campo. Presentarnos, conocer a la gente, ser testigos del trabajo que se realiza, y para cuando nos hemos integrado nos ha tocado hacer la mochila para el próximo destino.

Experiencia peculiar la nuestra. Nos quedaran muchos amigos y amigas en el camino, curiosas anécdotas, y el haber conocido sitios preciosos.

Echamos en falta el txoko de Lemona, ¡saludos al club de empanadillas de Tertanga!, en Salinas de Añana aprendimos los primeros pasos del baile Beat it, casi perdemos la cordura con todos los #holamanolo-s de Bergara, el eco del karaoke de Aduna todavía resuena en nuestros oídos, seguimos en busca del invisible amigo invisible de Lekeitio, y el final intercultural de Mundaka ha sido la guinda del pastel.

El resultado es evidente, las trincheras de Lemoatx y Belkoain están más limpias, el molino de Tertanga ha resurgido de la dejadez, los residentes de Bergara y Lekeitio han interiorizado el cariño con el que se les ha tratado, en Salinas de Añana está resurgiendo la manera tradicional de conseguir sal, y los jóvenes de Busturialdea lo han pasado muy bien en las dinamizaciones.

Anhelaremos las triples literas, los coros de ronquidos, y las picadas. Ha merecido la pena tanto el trasnochar como el madrugar. Bello es el trabajo que se realiza en los Campos de Trabajo, seguir así, y ¡hasta pronto!

Texto de Ander Bolibar y Ane Elordi para la iniciativa Auzokontalariak