Para practicar, mi amiga Hanah y yo hemos descubierto dos divertidos métodos. El primero consiste en ir a tomar café a la misma cafetería en el recreo de media hora. Una vez allí, asaltar a la camarera y hablar con ella en un alemán inventado y poner en práctica lo que hemos aprendido durante la clase. Hemos tenido la suerte de tener una camarera maja que se ha hecho nuestra amiga y nos hace un descuento sobre el caro y malo café alemán. Pero, a cambio, se ríe de nuestras ‘alemandas’. La segunda consiste en poner a prueba los alemanes que encontramos en el autobús de vuelta a casa. Ésta es más complicada porque te puedes encontrar tanto con gente que ni te mira como con gente que te ayuda escucha lo que estés contándole. Este segundo experimento nos ha valido dos amigas que cogen el autobús con nosotros y nos ayudan durante 20 minutos todos los días a practicar un rato esta lengua.

En definitiva, no hay ningún idioma imposible. Solo hay que animarse y hablar con la gente. Al ser un extranjero tienes todo el derecho a equivocarte. Si encuentras la persona idónea puedes conseguir un amigo nativo que te ayude y te muestre su cultura como nos pasa a nosotros. Y, en todo caso, tener el café mas barato, que siempre viene bien”.