Albania está en el Mediterráneo, en medio de los Balcanes, y es uno de los países más pobres de Europa. Y en su capital, en Tirana, se encuentra Rakel Jiménez (25 años, Vitoria-Gasteiz) que está participando en un proyecto de voluntariado desde el pasado mes de octubre.

Ella nos ha contado que en este tiempo ha conocido gente maravillosa, ha descubierto un país que le era desconocido, y “toda esta experiencia está mereciendo la pena“. Esto es lo que nos ha contado Rakel por correo electrónico:

Los primeros pasos:

“Hace ya un tiempo tenia la idea de irme a pasar una temporada de voluntaria a otro país pero nunca se me había presentado la oportunidad. Solía echar vistacillo a la página de www.hacesfalta.org a ver que veía y enviaba de vez en cuando el curriculum. Hasta que un día en mayo del año pasado me llamaron para hablarme del Servicio de Voluntariado Europeo (SVE) y de un proyecto de voluntariado en México, para el cual había enviado el curriculum a través de esa página web. Me junté con Celia que trabaja para Eyci y organizan todo en relación a los proyectos, y me explicaron en que consistía el SVE”.

“Este servicio te ofrece la oportunidad de vivir una experiencia de voluntariado en otro país con la ventaja de no tener que pagar nada. Y es que al voluntario le pagan viaje, el alojamiento y le dan dinero para la comida y para el bolsillo. Para el proyecto de México tenían prioridad otras personas, y no salió. Pero me hablaron de otros proyectos que estaban preparando en Albania (país del que desconocía todo), en concreto del proyecto con niños en el que estoy ahora.

Me pareció interesante, así que pensé “¿Por qué no?”. Reconozco que la idea de trabajar con niños me atraía, ya que siempre he trabajado con gente mayor y ésta sería una oportunidad de probarme a mi misma en un campo nuevo. Y, bueno, preparamos todo y mi proyecto fue aprobado, y aquí estoy ahora, disfrutando de esta experiencia con sus días mejores y peores, pero siempre interesante, ya que los críos con los que estoy en mi proyecto son un encanto. Y, además, para los días malos siempre hay gente cerca que te alegra el día y para los días buenos siempre hay gente con quien disfrutarlos.

Algunos se han marchado ya (hay voluntarios del SVE que ya han terminado su proyecto de 9 meses en Tirana), dejándonos un poco tristes, pero ¡ahí quedan esos días que hemos compartido juntos! Y por aquí todavía estamos unos cuantos para seguir disfrutando”.

El proyecto:

“Mi proyecto está dirigido a los niños de la comunidad romana o gitana de Tirana, capital de Albania. Tenemos un centro al que vienen antes o después del colegio (según el horario de clase que tengan) y les “ayudamos” con los deberes. En el centro están dos trabajadoras sociales, una psicóloga, una educadora y una limpiadora, aparte del manager y los voluntarios. Hasta hace poco estábamos 4 voluntarias, pero ya se han marchado dos. Los voluntarios con lo que más podemos ayudar es con las matemáticas a los críos pequeños o jugando con ellos, porque al no hablar albanés es difícil ayudar a los más mayores con los deberes. Al llegar aquí, nos dieron unas clases de albanés, pero es un poco difícil el idioma, así que por ahora yo he aprendido lo básico-básico.

Desde el centro lo que se intenta también es fomentar la escolarización de los chavales, así que les registran en el colegio y en el centro. De esa manera, las familias de los niños que están inscritos y acuden al colegio y al centro reciben cada mes una bolsa con comida, jabón y demás cosas de uso básico. ¿Qué puedo decir de mis chavales? Pues que en general son un encanto, eso sí, muy vivos, están llenos de energía y ante todo hay que tener sentido del humor y paciencia con ellos, pero de verdad son un encanto y se les coge cariño. Lo que sí resulta a menudo difícil, tanto con mi familia albanesa como con los niños o en el día a día, es no hablar albanés… el no poder decir lo que quieres a la gente a veces es muy frustrante. Pero por suerte en la casa, Rudina habla español y en el centro podemos utilizar el inglés o italiano con la mayoría de los trabajadores. Y en la calle, a veces, también y si no pues te comunicas como buenamente puedas. Este proyecto también me está dando la posibilidad de conocer gente encantadora y de poder viajar por los Balcanes y conocer más de esta tierra que tan desconocida era para mí. Y, de verdad, está mereciendo la pena”.